Lo único que ve todo el que se plantea contratarte
Las piezas las ve cada una su gente. El perfil lo ve todo el que ha llegado a plantearse algo. Es el único elemento por el que pasa cualquiera que esté a punto de contactar contigo, y es también el que menos tiempo recibe.
La razón es comprensible: escribir un perfil no se parece a nada divertido y además hay que hacerlo una sola vez, así que se hace deprisa el primer día y no se vuelve a mirar. Dos años después sigue diciendo lo que se escribió en veinte minutos.
Este artículo propone dedicarle una hora y cuarto, una sola vez, y volver dos veces al año. Es probablemente la hora mejor invertida de todo el proceso.
El nombre, que decide si te encuentran buscando
Mucha gente busca dentro de la propia aplicación como buscaría en cualquier otro sitio: escribiendo un oficio y una ciudad. Si el nombre de tu perfil sólo contiene el nombre comercial del negocio, en esa búsqueda no apareces salvo que ya te conozcan.
La corrección es poner el nombre del negocio junto al oficio y la ciudad. No hace falta más y no conviene más: la lista completa de servicios en el nombre queda ilegible y no aporta.
Hay una excepción: si el nombre comercial ya contiene el oficio, no hay nada que hacer. Quien eligió ese nombre en su día tomó una buena decisión sin saber que iba a servir para esto.
| Dato | Cómo se escribe | Fallo típico |
|---|---|---|
| Qué haces | Con la palabra que usa la gente, no la del sector | Términos técnicos que nadie busca |
| Dónde estás | Ciudad y zona o radio que atiendes | No aparece en ningún sitio |
| Para quién | Particulares, empresas, un tipo concreto de encargo | Se da por supuesto y no se dice |
| Cómo se contacta | Una sola vía, la que atiendes de verdad | Cuatro vías y ninguna atendida |
| Cuándo se responde | Un plazo o un horario concreto | No se dice y la gente se cansa de esperar |
Cuadro de la redacción para ordenar la decisión. No es una medición de mercado y no procede de ningún estudio.
La descripción, en cinco líneas y en orden
Qué haces, con la palabra que usa la gente y no la del sector. Los términos técnicos son precisos y nadie los escribe al buscar. Si tu gremio lo llama de una manera y tus clientes de otra, gana la de los clientes.
Dónde estás, con la ciudad y, si atiendes fuera, la zona o el radio. Es el dato que más veces falta y el que decide si alguien sigue leyendo.
Para quién, porque filtra. Decir si trabajas para particulares, para empresas o para un tipo concreto de encargo evita conversaciones que no van a ningún sitio y atrae las que sí.
Cómo se contacta, con una sola vía. La que atiendas de verdad.
Cuándo se responde, con un plazo o un horario. Es la línea que menos gente pone y la que más tranquilidad da a las dos partes.
La foto y el problema del tamaño
La imagen del perfil se ve casi siempre en un cuadro diminuto. Eso descarta de entrada los logotipos con texto pequeño, las fotos de fachada y cualquier cosa con detalle fino, porque a ese tamaño se convierten en una mancha.
Lo que funciona es una forma grande con contraste: un detalle muy cercano del oficio, un color plano con un símbolo simple, o el logotipo reducido a su elemento esencial. La prueba es mirarlo en el móvil desde medio metro. Si no se distingue qué es, no vale.
Conviene además que sea la misma imagen que uses en el resto de sitios donde apareces. La coherencia ahorra explicaciones y ayuda a que alguien te reconozca cuando te encuentre por otra vía.
El enlace, que es donde más se pierde
Sólo hay un sitio para poner un enlace, así que la decisión importa. Tres criterios lo resuelven casi siempre.
Primero, que abra rápido en un móvil con mala cobertura. Una web pesada es peor que no tener enlace, porque quien la abre y espera se va con una impresión mala del negocio entero.
Segundo, que lleve directamente a lo que hace falta. Si lo que quieres es que reserven, el enlace debe abrir el sitio de reservas, no la portada desde donde hay que buscarlo. Cada paso intermedio pierde gente.
Tercero, que la información que hay al llegar sea correcta. Si tu web dice un horario antiguo, el enlace está trabajando en tu contra.
Y si tienes web, conviene tener cubiertas las obligaciones de identificación del prestador de servicios que establece la Ley 34/2002, y una política de privacidad correcta si recoges cualquier dato, según el Reglamento (UE) 2016/679.
La pieza fijada arriba
La primera pieza que ve alguien que entra en tu perfil debería ser la que mejor explique a qué te dedicas, no la más reciente ni la que más reproducciones tuvo.
Es el único sitio donde merece la pena editar con calma, porque va a estar ahí durante meses y la va a ver mucha gente. Una tarde entera dedicada a esa sola pieza está bien invertida.
Lo que tiene que hacer es simple: enseñar el trabajo, decir dónde estás y dejar claro qué se hace si alguien quiere contratarte. Cuarenta segundos bastan.
Lo que sobra
Sobran las frases sobre pasión, sobre calidad y sobre trato cercano. No porque sean falsas, sino porque las escribe todo el mundo y por tanto no informan de nada. El espacio que ocupan podría estar diciendo en qué ciudad estás.
Sobran los símbolos decorativos que dificultan la lectura, sobran las etiquetas de moda que no tienen que ver con tu oficio y sobra cualquier afirmación que no puedas sostener, como ser el mejor de la zona o el más rápido. Esa última no es sólo ruido: entra en el terreno de la publicidad y de la competencia desleal, y está tratada en qué puedes afirmar de tu producto.
Lo que conviene llevarse
Cinco datos, en orden, con las palabras que usa tu cliente. Una foto que se distinga en pequeño. Un enlace que abra rápido y lleve a lo que importa. Y una pieza fijada arriba que explique el negocio.
Es una hora y cuarto de trabajo que se hace una vez y se revisa dos veces al año. Poca gente lo hace, y por eso hacerlo bien coloca a un negocio pequeño por delante de la mayoría sin haber grabado ni un vídeo más.
