Dónde se pierde la gente en realidad
Cuando un negocio pequeño concluye que este canal no le funciona, la explicación que se da suele ser que el contenido no era bueno. A veces es cierto. Con mucha frecuencia el contenido funcionó y lo que falló fue lo que había al otro lado.
Entre ver un vídeo y entrar por la puerta hay cinco pasos. Los dos primeros dependen del contenido. Los tres últimos dependen de cosas que se arreglan en una tarde, no cuestan dinero y casi nadie revisa.
Es, con diferencia, el trabajo con mejor rendimiento de todo este manual. Antes de grabar la pieza número treinta, merece la pena dedicar una hora a comprobar que la número uno tenía dónde llevar a alguien.
| Paso | De qué depende | Fallo típico |
|---|---|---|
| Ver | Del contenido y del momento | Nada que arreglar, es lo normal |
| Entender qué haces | De la pieza y del perfil | Piezas ingeniosas que no dicen a qué te dedicas |
| Saber dónde estás | Del perfil, sobre todo | El perfil no nombra la ciudad en ningún sitio |
| Encontrar cómo contactar | Del perfil y del enlace | El enlace lleva a una web lenta o rota en móvil |
| Decidirse | De lo que haya al otro lado | Nadie responde en dos días y la persona ya ha llamado a otro |
Cuadro de la redacción para ordenar la decisión. No es una medición de mercado y no procede de ningún estudio.
El segundo paso: entender a qué te dedicas
Hay un tipo de pieza que funciona bien y no vende nada: la que es entretenida pero no deja claro qué hace el negocio. Alguien la ve, le gusta, y sigue adelante sin haber entendido si eso era un taller, una tienda o un servicio a domicilio.
La solución no es explicar el negocio en cada vídeo, que resulta pesado. Es que el perfil lo diga en una línea y que las piezas muestren trabajo reconocible. Cuando lo que se ve es un oficio haciéndose, casi nadie necesita que se lo expliquen.
La comprobación es sencilla: enséñale tres piezas a alguien que no conozca tu negocio y pregúntale a qué crees que se dedica esa gente. Si duda, el problema está aquí.
El tercer paso: saber dónde estás
Este es el fallo más extendido y el más fácil de arreglar. Hay cuentas de negocios locales con cientos de publicaciones donde no aparece en ningún sitio en qué ciudad están.
El razonamiento implícito es que quien te sigue ya lo sabe. Pero el que te va a contratar no te sigue: acaba de verte por primera vez, y si no sabe si estás a diez minutos o a seiscientos kilómetros no va a averiguarlo.
Se arregla escribiendo la ciudad y la zona en el perfil, y nombrándola de vez en cuando en las piezas. Cuesta diez minutos y suele ser lo que más cambia de todo este artículo.
El cuarto paso: encontrar cómo contactar
Aquí hay tres fallos que se repiten. El primero es no tener teléfono visible en un negocio donde la gente llamaría. El segundo es un enlace que lleva a una web antigua, lenta o que en un móvil obliga a ampliar con los dedos. El tercero es tener cuatro vías de contacto y no atender ninguna con regularidad.
La regla que resuelve los tres es la misma: una sola vía, la que tú puedas atender de verdad, muy visible, y ninguna más. Una vía atendida vale más que cuatro abandonadas, y además evita que alguien te escriba por un canal que revisas cada quince días.
Si tienes web, hay obligaciones de identificación que conviene tener cubiertas: nombre o denominación, datos de contacto y demás información exigida por la Ley 34/2002 de servicios de la sociedad de la información. No es una cuestión de estilo y se resuelve una vez.
El quinto paso: que haya alguien al otro lado
Todo lo anterior se cae si nadie responde. Quien escribe un martes a las nueve de la noche y recibe respuesta el viernes ya ha llamado a otro, y con toda la razón.
Esto no significa vivir pendiente del móvil. Significa decidir un plazo que puedas cumplir y decirlo. Una línea en el perfil que diga que se responde en veinticuatro horas laborables coloca la expectativa en su sitio y te libera de la sensación de estar siempre en falta.
Lo que llega por mensaje privado tiene además implicaciones que se olvidan: si alguien te da su nombre, su teléfono o datos de su situación para pedirte un servicio, eso son datos personales y su tratamiento está sujeto a la normativa correspondiente, como recuerda la Agencia Española de Protección de Datos. Está desarrollado en mensajes privados y datos personales.
La prueba del móvil ajeno
Hay una comprobación que ningún panel de estadísticas sustituye y que casi nadie hace: coger el móvil de otra persona, buscar tu negocio como lo haría un desconocido y contar los toques que hacen falta hasta poder llamar o reservar.
Se hace en quince minutos y produce siempre alguna sorpresa. Un enlace roto, un horario que no se actualizó desde el verano, un teléfono que ya no es el bueno, una web que tarda ocho segundos en abrir.
Merece la pena repetirla dos veces al año. Los negocios cambian de teléfono, de horario y de página web, y esos cambios rara vez llegan a todos los sitios donde estaban escritos.
Cuándo pedir explícitamente que te llamen
Terminar cada pieza pidiendo algo convierte la cuenta en un catálogo de anuncios y se deja de ver. Pero no pedirlo nunca también tiene coste, porque hay gente que necesita que se lo digan.
El equilibrio razonable es pedirlo de forma explícita en las piezas donde tiene sentido natural: cuando se ha explicado un problema que tú resuelves, cuando se ha enseñado un servicio poco conocido, cuando hay una fecha de por medio. En el resto, que el perfil haga el trabajo.
Y cuando se pida, que sea concreto: qué tiene que hacer la persona exactamente y qué va a pasar después. Pedir que alguien contacte es vago. Decir que llame por la mañana porque por la tarde el taller está en marcha y no se oye, no lo es.
Lo que conviene llevarse
El contenido es el primer paso de cinco, y los tres últimos son gratis y se arreglan en una tarde. Un negocio que produce buen material y tiene el camino de salida roto está regalando el trabajo.
Haz la prueba del móvil ajeno hoy, arregla lo que salga y repítela cada seis meses. Es lo que mejor rinde de todo lo que hay en este manual.
