La tentación y su coste oculto
Hay una salida que parece obvia cuando quien lleva el negocio no está cómodo en cámara: pedírselo a la persona del equipo que tiene desparpajo. Suele haber una, suele ser joven y suele decir que sí sin pensarlo mucho.
Funciona bien durante un tiempo y tiene tres costes que nadie calcula el primer día. El primero es que la cara pública del negocio pasa a depender de alguien que puede irse. El segundo es que la petición, hecha por quien paga la nómina, nunca es del todo neutral. El tercero es que la imagen de una persona es suya, no del negocio, y eso tiene consecuencias prácticas.
Ninguno de los tres impide hacerlo. Los tres exigen hacerlo bien, y hacerlo bien cuesta una hora y media de una sola vez.
Condición primera: que sea voluntario de verdad
La prueba es sencilla de enunciar y difícil de superar: si esa persona dijera que no, ¿pasaría algo? No hace falta que sea un castigo. Basta con que la relación se enfríe un poco, con que se note la decepción, con que la próxima vez que pida un cambio de turno se recuerde.
Si algo de eso pasaría, la petición no es voluntaria aunque la respuesta sea que sí. Y una aceptación forzada tiene dos problemas: se ve en cámara, porque este formato transmite el estado de ánimo con una fidelidad implacable, y deja al negocio en una posición incómoda si algún día hay conflicto.
La forma limpia de pedirlo es por escrito, en un momento neutro, dejando explícito que decir que no no tiene ninguna consecuencia, y dando tiempo para pensarlo. Y no pedirlo dos veces si la respuesta fue que no.
Condición segunda: por escrito, y concreto
Un acuerdo de imagen no es un contrato complicado. Es media página que responde a seis preguntas, y su valor no está en el papel sino en que obliga a las dos partes a pensar cosas que de otro modo se descubren tarde.
| Punto | Qué se concreta |
|---|---|
| Qué se graba | En qué situaciones sí y en cuáles no, con ejemplos |
| Dónde se publica | Qué cuentas y qué canales, y ninguno más |
| Durante cuánto tiempo | Un plazo concreto, renovable, no indefinido |
| Qué pasa al marcharse | Si se retira el material, en qué plazo y quién lo hace |
| Cómo se revoca | A quién se avisa, en qué forma y con qué efecto |
| Qué no se hace nunca | Publicidad de pago, cesión a terceros, uso fuera de esos canales |
Cuadro de la redacción para ordenar la decisión. No es una medición de mercado y no procede de ningún estudio.
El punto que más veces falta es el plazo. Un permiso sin fecha es un permiso indefinido, y nadie está en condiciones de dar un permiso indefinido sobre su propia imagen a los veintidós años. Un plazo de un año renovable es razonable y no molesta a nadie.
El segundo que más falta es qué se hace al marcharse. Escribirlo cuando la relación es buena cuesta dos líneas. Discutirlo cuando la relación se ha roto cuesta mucho más.
El marco legal de fondo son la Ley Orgánica 1/1982, sobre protección civil del derecho a la propia imagen, y la normativa de protección de datos, con el Reglamento (UE) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018. Esta publicación no presta asesoramiento jurídico y en este punto conviene que lo revise quien lleve la parte laboral del negocio.
Condición tercera: el día que esa persona se va
En un negocio pequeño la rotación existe, y en hostelería y comercio existe mucho. Si toda la cuenta está construida sobre una cara, el día que esa cara se marcha se plantean tres problemas a la vez.
El primero es de material: hay decenas de piezas publicadas con alguien que ya no trabaja allí, y algunas siguen recibiendo visitas. El segundo es de continuidad: hay que empezar de nuevo con otra persona o con otro formato. El tercero es de relación: si la salida no fue buena, la petición de retirar el material llegará con tensión.
La forma de reducir los tres es la misma: no construir todo sobre una sola cara. Alternar formatos, incluir piezas de manos y de trabajo sin persona, y tener claro desde el principio que el activo del negocio es el oficio y no quien lo cuenta.
La alternativa que casi siempre es mejor
Antes de delegar la cara, merece la pena agotar las opciones que no necesitan cara de nadie. Manos trabajando, antes y después, voz sobre el trabajo, texto sobre imagen. Están desarrolladas en no te gusta salir en vídeo.
Esos formatos tienen tres ventajas para un negocio pequeño. No dependen de una persona concreta, así que sobreviven a la rotación. No generan ninguna obligación laboral ni de imagen. Y son más baratos de producir, porque no hay que coordinar a nadie.
Delegar la cara tiene sentido cuando hay alguien que de verdad quiere hacerlo, que lleva tiempo en el negocio y que además lo hace bien. En esos casos funciona muy bien y el acuerdo por escrito es un trámite de veinte minutos. Fuera de esos casos, casi siempre sale más caro de lo que parece.
Un caso que conviene evitar
En negocios familiares es frecuente que aparezcan hijos, sobrinos o menores en general, a veces sin que nadie lo haya decidido. Conviene saber que la protección de la imagen de un menor es especialmente reforzada, que el consentimiento corresponde a quien tenga la patria potestad y que ni siquiera ese consentimiento cubre cualquier uso.
La recomendación práctica de esta publicación es sencilla y quizá aburrida: no publiques imágenes de menores identificables en la cuenta de tu negocio. El material que se pierde es poco y el problema que se evita es grande.
Lo que conviene llevarse
Se puede delegar la cara del negocio y hay tres condiciones que no son negociables: voluntario de verdad, escrito y concreto, y con plan para el día que esa persona se vaya.
Si alguna de las tres no se puede cumplir cómodamente, la salida es no delegarla. Ningún canal justifica meter una incomodidad permanente en una relación laboral de un equipo de menos de veinte personas, donde todo el mundo se ve todos los días.
